¿De qué sirvió Ana Orantes?

Nota previa: esta entrada lleva casi dos años en borradores y no la había publicado por miedo a ser malinterpretado. Pero al fin y al cabo solo somos responsables de lo que escribimos, no de las interpretaciones que de ello se haga. Aún así, mi intención principal era criticar el tratamiento periodístico de este tipo de noticias y la poca información real, jurídica y útil que aportan.

Un juez permite a un maltratador vivir con su mujer dado su deterioro psíquico

   No voy a ser yo quien defienda este tipo de decisiones pero:

  1. No es una decisión de un juez sino de un tribunal;
  2. Se absuelve del delito de quebrantamiento de una orden de alejamiento. Si está bien redactado supone que se quebrantó una medida cautelar y no una pena y la jurisprudencia del supremo es justo la contraria a la que menciona en el artículo: prevalece la voluntad de la víctima si quiere renunciar a la protección. Solo en el caso en que el alejamiento sea una pena ya no pinta nada la voluntad de la víctima;
  3. El hombre ha sido condenado en 4 ocasiones desde 2006 ¿ya ha cumplido esas condenas? ¿las tiene en suspenso? ¿se podría levantar esa suspensión? ¿No ha entrado en prisión por su edad? Un poquito menos de sensacionalismo y más profundidad en el análisis para variar tampoco estaría de más
  4. El Instituto de la Mujer debería rasgarse menos las vestiduras. Como es un servicio que no atienden hombres seguro que no han movido un dedo para buscar una residencia para el maltratador, aunque fuera a beneficio de la mujer-víctima. Se habrán limitado a pensar que una señora de setenta y pico años que ha vivido toda su vida sometida y maltratada va a pensar antes en ella que en el maltratador. Por cierto “ya fue usuaria del Instituto”, es decir, que ahora mismo no lo es ¿porqué?. Y harán un “seguimiento directo y especial” de este caso “porque lo más importante es la mujer y los hijos que tiene a su cargo” ¿hijos a cargo? ¿de 40 años?

Puede que el desenlace sea el mismo, pero este caso no tiene nada que ver con el de Ana Orantes. Ella no quería vivir con su maltratador y sí, eso es también importante.

   Y por supuesto, el “juez” no obliga a la mujer, le permite que no es lo mismo. Quizás no debiera permitírselo. Quizás deberíamos asumir la tutela de las mujeres maltratadas ya que han demostrado que no son capaces de tomar decisiones inteligentes

«laissez faire, laissez dénoncer, le monde va de lui mé-me»

   Está claro que voy a tener que seguir practicando mi tono irónico porque aún no me sale muy bien. No consigo que nunca nadie lo pille.

   Lo que intentaba decir es que las mujeres maltratadas no perdonan y se reconcilian con los maltratadores por puro capricho e inconsciencia. Hay muchos factores que inciden en esa decisión (La Junta de Andalucía tiene publicado un estudio muy reciente, os lo enlazo en otro comentario). Dejando a un lado la cuestión emocional o psico-afectiva, los motivos son de tipo socioeconómico.

   Lo que cuestiono es NO ofrecerle a la maltratada alternativas concretas y reales y pretender que eso sea suficiente, para luego cuestionarla o criticarla cuando toma una decisión que nosotros, desde fuera y sin vivir el problema realmente, consideramos que es errónea. Me refería en definitiva a que el problema del “perdón” de las maltratadas no está en la Justicia penal, si no en otro tipo de justicia, la social. ¿Alguien llamó a esta señora alguna vez para preguntarle cómo estaba o porqué había dejado de ir al IAM? ¿Alguien se preocupó en hacer gestiones para solucionar el foco de su culpa: el alojamiento del marido? ¿Alguien la ayudó realmente a gestionar esa culpa? Pues entonces menos rasgarse las vestiduras y menos titular culpabilizando a los jueces (realmente magistrados en este caso). La decisión de las maltratadas podrá parecernos poco inteligente, pero muchas veces es la única que pueden tomar.

El Estudio del que hablaba: La renuncia a continuar en el procedimiento judicial en mujeres víctimas de violencia de género: un estudio en la Comunidad Autónoma Andaluza. María Jesús Cala Carrillo, dir.; María Jesús Godoy Hurtado… [et al.]. 2012. 239 p.

Mi opinión sobre suplantar la voluntad de la víctima de violencia de género:https://bonorum.wordpress.com/2014/03/13/shibboleth-416/

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Periodistas juristas

He decidido que voy a dedicar una sección especial del blog a las meteduras de patas hasta el corvejón de los periodístas que hablan de asuntos jurídicos sin haberse leído ni la Constitución, aunque creo que la mayoría de las veces son errores intencionados. No es una idea original y en todo caso la culpa es de ClioMcBeal que me pica con su genial “Derecho penal pa’tós“.

La noticia del día es: Reino Unido quiere penalizar a los padres que no transmitan cariño a sus hijos, ¡con penas de hasta 10 años de cárcel! Que digo yo que lo del cariño paterno como concepto jurídico indeterminado habrá que estudiarlo. Ya me veo yo a los forenses elaborando escalas de amor. Porque además no se trata de penalizar a los padres que no sean cariñosos, si no a los que no transmitan ese cariño ¡ojocuidado!

Por su puesto la realidad nada tiene que ver con tan esperpéntico titular: de lo que se trata es de castigar más duramente el maltrato infantil, incluido el psicológico, dentro del que se incluye sin duda la privación de afecto, como negligencia emocional.

Más información sobre la negligencia emocional y la campaña que motiva esta propuesta legislativa en Action for Children.

Emprender en criminología: el timo

El otro día me compré el libro “Emprender en criminología” de José Manuel Servera. Fui pasando con avidez las páginas en busca del maná prometido: el póster con el desnudo del autor, pero nada de nada ¡un timo! En fin, como ya lo había comprado y no tenía nada mejor que hacer decidí leérmelo. Ahí debe estar el segundo timo porque pone que la versión en papel del de siempre tiene 186 páginas, pero en la versión Kindle debió olvidarse algunas porque me lo leí de dos sentadas.

Sobre el contenido del libro ya han escrito otros y mucho mejor de lo que yo puedo hacerlo aquí, así que os invito a leer el post de Jorge Ramiro Pérez  al respecto.

No es lo que Servera dice lo que me ha encandilado de su libro; tampoco es cómo lo dice exactamente. Es cómo lo envuelve, el contexto… o el hipertexto según se mire.

Me explico. Para empezar cada capítulo cuenta con un enlace (o un código QR) que te permite escuchar una canción seleccionada expresamente por el autor para acompañarte durante la lectura ¡sublime! ¿no? La idea me ha encantado tanto que no he podido por menos que copiarla.

Además el texto está plagado de enlaces a contenido extra y referencias a servicios en la web muy útiles. Yo, que soy un criminólogo tecnófilo como el autor recomienda, he tomado nota de algunos que desconocía y que usaré seguro en alguno de mis proyectos.

La dos grandes verdades del libro, para mi son:

  • Los criminólogos no somos policías, tampoco psicólogos y mucho menos somos criminalistas, en palabras de la prologuista, y
  • Los criminólogos no somos seres mágicos dotados de poderes para solventar sin más la criminalidad.

Como no quiero que esto se convierta en un anuncio promocional por el que le tenga que cobrar al autor una cuota extra a la ya pactada voy a destacar algunos puntos negativos, que los tiene: es poco glamuroso. Afirma el autor que se puede emprender desde el sofá de casa llevando un pijama ¡qué cosas! pero en fin, le he hecho caso y este post lo escribo así.

Y cuidado, si vas a comprar este libro ten en cuenta que su autor no peina canas y te puedes dar de bruces con tu realidad: trabajo a jornada completa, pareja estable, heredero…, por lo que la anarquía horaria propuesta y la posibilidad de dedicarle horas y horas a tu proyecto se verán interrumpidos por otras actividades igual de placenteras: aprender las reglas básicas de la higiene bucal de manos de Hello Kitty en versión rumana.

Yo también fui un joven emprendedor en criminología. Por eso, enhorabuena José Manuel Servera.